La catedral de San Felipe abre sus puertas

La Catedral Basílica Santa María la Antigua, ubicada en el corregimiento de San Felipe, corazón del Casco Antiguo, reabrió la mañana de este sábado 24 de noviembre sus puertas, para que los feligreses puedan apreciar los trabajos de restauración efectuados en esta histórica estructura.

“Este templo ha sido un testigo silencioso de los eventos que marcaron la historia panameña, como la Independencia de España de 1821 y la Separación de Colombia en 1903. Recibimos la restauración con mucha emoción”, manifestó el arzobispo José Domingo Ulloa.

“Hemos recuperado la memoria histórica”, resaltó el arzobispo Ulloa, ante cientos de feligreses.

Ulloa extendió la invitación a la ciudadanía a contemplar “la hermosura” de la catedral.

Los primeros feligreses que tuvieron la oportunidad de asistir a la reapertura temporal de este templo religioso se mostraron satisfechos con los resultados de esta restauración.

La visitante Nidia de Carvalho calificó las obras como un paso “muy importante” en la historia de la Catedral Santa María La Antigua, ya que se encontraba abandonada antes de su intervención.

“Yo tenía 10 años de no haber estado aquí, pero sí sentía nostalgia al ver cómo se iba dañando la edificación”, expresó.

Otro de los asistentes, José Ramón Martínez, de 45 años, venía de practicar ciclismo por los alrededores del Casco Antiguo, pero ello no le impidió asistir a la ceremonia.

“Soy un hombre de mucha fe. En 45 años, esta iglesia jamás ha estado en las condiciones tan prístinas como las que se encuentra en este momento”, manifestó Martínez al resaltar la labor del Comité de Amigos de Iglesias del Casco Antiguo.

Ricardo Gago, miembro de ese mismo comité, dijo que el arduo trabajo, la honestidad y la integridad fueron claves para lograr el avance del proyecto. “Cuando nosotros hemos llegado, las iglesias únicamente abiertas eran las de la Merced y Santa Ana, mientras que la de San José estaba parcialmente abierta y las tres iglesias restantes estaban cerradas”, expresó.

Desde entonces, el Comité se dispuso a trabajar para lograr la apertura total de las seis iglesias que forman parte del casco viejo de la capital.

Asimismo, Gago recordó que la población panameña tiene la obligación de mantener las iglesias en buen estado no solamente como templos religiosos sino como un patrimonio cultural de nuestro país.

Fray Javier Mañas García, de la iglesia de Nuestra Señora de la Merced, expresó que la próxima visita del papa Francisco a la catedral con motivo de su agenda en enero de 2019, será un acontecimiento histórico e importante para el templo.

“Francisco será después de San Juan Pablo II, el segundo pontífice que visita esta catedral. Que el papa venga a consagrar el altar de la primera catedral en el continente americano es algo grandioso”, remarcó el religioso.

En tanto, el diácono Luis Ángel Laguna, oriundo de Chepo, consideró que la restauración es un tesoro, ya que se repara un bien ‘que forma parte de la historia de la humanidad con sus raíces en la fe cristiana”.

Los portones estarán abiertos hasta las 6:00 p.m. y volverán a estar disponibles, con las restauraciones ya culminadas, en enero de 2019, cuando se espera que el papa Francisco la consagre durante su visita como parte de la Jornada Mundial de la Juventud.

La apertura de la catedral fue aprovechada por las autoridades eclesiásticas para consagrar las nuevas campanas.

 

https://www.prensa.com/sociedad/Catedral-San-Felipe-abre-puertas_0_5175982351.html

 

El Gobierno de Panamá entrega la restaurada Basílica Santa María La Antigua.

Restauración de la Catedral de Panamá

 

San Fernando regresa a su lugar de origen

El retablo cerámico del Santo Rey vuelve a su ubicación original en la fachada del edificio del número 7 de la calle Cano y Cueto de Sevilla

Fragmento del retablo cerámico de San Fernando

Antes de que finalicen las obras de rehabilitación del edificio sobre el que se sitúa, ya ha sido colocado tras su restauración en la ubicación original el retablo barroco dedicado a San Fernando de la fachada del número 7 de la calle Cano y Cueto de Sevilla, lugar en el que cuenta la leyenda pernoctó el rey santo la víspera de la entrada a Sevilla en 1248.

Un informe elaborado por el arquitecto Francisco Granero y el restaurador Carlos Núñez como parte de la memoria del proyecto de restauración del edificio, subraya que se trata de una pieza «de gran valor» en el que han puesto gran interés y esfuerzo en su restauración junto con el edificio que va a recuperar las trazas y elementos de su origen», indica Francisco Granero.

En el informe se describe cómo las virtudes heroicas y los innumerables milagros que rodearon la conquista de Sevilla motivaron que después de la muerte de Fernando III los sevillanos sintiesen un fervor especial por su figura. Al mismo tiempo, la autoridad eclesiástica sevillana promovía su canonización en un proceso que se dilató hasta 1671, cuando la Santa Sede reconoció la beatitud del monarca.

Influencia de Audrán el Viejo en Roldán (XVII) y en el retablo de San Fernando (XVIII)

Prototipo iconográfico

Cuando el proceso de canonización de Fernando III entró en su fase final se hizo necesario un prototipo iconográfico que estableciera la imagen reconocible del nuevo santo acompañado de sus atributos. Fue en 1630 cuando Claude Audran el Viejo plasmó en un grabado la primera visión oficial del santo rey, cuya composición perduraría siglos después basada en la serie Los santos nobles de Fray Francisco Gonzaga.

En previsión de la inminente canonización, el Cabildo catedralicio reclamó en 1649 los servicios de Francisco López Caro y de Bartolomé Esteban Murillo con el fin de crear la vera efigie del santo, es decir, una representación física real trazada a partir de la observación de los restos del rey.

Murillo y Arteaga (1672)

A principios de 1671 el Cabildo de la Catedral se reunió para la lectura del pliego cerrado y sellado que desde Roma parecía
anunciar la canonización de Fernando III. Sin embargo, la expectación se tornó en desánimo cuando se advirtió que el documento tan sólo reconocía su beatificación. Aunque el cuerpo incorrupto del monarca centró todo el aparato litúrgico, se hizo necesaria la realización de una escultura, que representase al beato aunando la condición regia expresada en el grabado de Audran y la fisonomía real plasmada por Murillo. La obra de Pedro Roldán se constituyó como la imagen oficial del beato Fernando III. La imagen representada en el retablo cerámico sigue los postulados marcados por Roldán, retomando a su vez el prototipo de Audran el Viejo. Aparece según el modo del Santo Rey ataviado como caballero cristiano del siglo XVII, es decir, vestido con gola, capa de armiño, media armadura compuesta por brazaletes y peto y calzas enterizas.

 

Un ejemplar único

Los desmantelamientos de los altares públicos impuestos por la autoridad civil en Sevilla durante el siglo XIX han motivado que los retablos cerámicos barrocos se hayan conservado como piezas excepcionales. La historiografía especializada no se ha mostrado muy interesada por la cerámica de esta época, siendo muy pocos los estudios que existen sobre la producción fechada entre los siglos XVII y XVIII.

El retablo cerámico de San Fernando puede ser datado a mediados del siglo XVIII. Se trata de una pieza realizada con la técnica del azulejo pisano o pintado, compuesto por baldosas cuadrangulares, cuyas medidas rondan indistintamente entre los 13 y 14 cm., común en la época. La composición de la obra resulta claramente deudora del ámbito de la estampación y del grabado: aparece presidido por la figura hierática y frontal del rey santo con un esbozo de paisaje en el primer término y levemente al fondo. Estos planos se resuelven con los ocres y azules sobre blanco de influencia talaverana que se mantuvo en la cerámica dieciochesca sevillana, hasta el punto de que los ceramistas que trabajaban entonces en la ciudad eran conocidos como los talaveranos. Finalmente, está enmarcado por una moldura azul con rocallas y roleos ornamentales.

Retablo en San Clemente

La consideración gremial que entonces tenía el oficio hace que desconozcamos su autoría, de forma que sólo sus características nos pueden revelar su posible vinculación a un momento concreto.

Existen en Sevilla dos paneles cerámicos que guardan notables analogías el de la calle Cano y Cueto. En primer lugar, destaca el retablo cerámico también dedicado a San Fernando que se encuentra en la portada lateral del Real Monasterio de San Clemente. En este caso, los paralelismos son evidentes en la postura de la figura y en detalles como el armiño, la armadura, la esfera, los dedos, la corona y el estilo simple y plano con el que se resuelven las formas. En el vestíbulo del Museo de Bellas Artes, un panel procedente de San Felipe Neri nos muestra la escena de Jesús caído con la Cruz a cuestas ayudado por Simón de Cirene. Detalles técnicos y compositivos de esta obra, fechada en 1764, llevan a sospechar una posible vinculación con su autor, ya que sorprenden los parecidos que ambos guardan en el marco perimetral, en las colores planos, la sencillez de líneas o en los rasgos paisajísticos, siendo ocres en primer término y azul y blanco en segundo.

Tampoco se conoce la procedencia del retablo, pues diferentes señales indican que sufrió con anterioridad un arranque para ser colocado en el lugar donde lo vemos hoy. Una tradición popular que se pierde en el tiempo ha explicado su origen en la hipotética pernoctación que Fernando III hizo en esta casa durante la víspera de su entrada en Sevilla el 22 de diciembre de 1248. Lógicamente, la realidad histórica revela que no fue el azulejo fruto de aquella creencia, sino que fue la leyenda resultado de la presencia del retablo.

Por su envergadura, es extraño que una pieza así fuese encargada para la arquitectura doméstica, por lo que sabiendo que no fue éste su lugar original, podemos pensar que estuviese incorporado a algún convento sevillano desamortizado en el siglo XIX. Otra hipótesis apunta a la posibilidad de que el retablo perteneciese a la casa desde su origen, ya que hasta la desamortización este inmueble fue propiedad del Hospital de los Venerables, cuya iglesia fue dedicada al culto de San Fernando.

Fases del proceso de restauración realizado

La restauración

La rehabilitación del inmueble requería la extracción del panel cerámico para su posterior restitución. El valor patrimonial que posee y su carácter excepcional obligaban a una estrategia que acometiese su recuperación mediante unas labores y procedimientos que garantizasen en todo momento su integridad física y la salvaguarda de sus valores culturales.

La extracción se acometió con todas las cautelas, pues se trataba de una operación compleja, que se complicaba más al encontrarse deteriorado por el arranque anterior y por las grietas y oquedades ocasionadas por impactos de proyectiles durante el primer tercio del siglo XX.

Una vez en el taller y levantada la cartografía de lesiones, se determinó su diagnóstico exhaustivo, obteniendo un detallado informe de la situación patológica en el que se encontraba.

El retablo de la calle Cano y cueto tras su restauración – Juan Flores

Las baldosas fueron limpiadas pormenorizadamente con varios métodos mecánicos y químicos. Fragmentadas, fueron unidas en posición vertical dentro de cajas de arena y las lascas saltantes restituidas en su situación original. Especial atención requirió la zona central dado que estaba conformada por fragmentos originales colocados de forma incorrecta. Tras ensayos y comprobaciones efectuadas mediante transparencias fueron recolocados en su lugar correspondiente, recuperando así la composición primitiva que se encontraba alterada.

Las lagunas fueron solucionadas con criterio mimético. En primer lugar se recuperó la volumetría con yeso dental, cubriéndose las superficies con colores afines a los originales. Dentro de esta fase se incluye también la reproducción de la zona superior del marco ornamental que no se conservaba. La restauración culminó con su reposición en la fachada, una labor muy difícil ya que las baldosas no son iguales debido a su proceso artesanal de ejecución, por lo que el encaje ha sido lento y cuidadoso, primando siempre la continuidad del dibujo.

Pintura del Hospital de los Venerables y retablo de Cano y Cueto

Teoría de la intervención

Con la restauración se ha pretendido la recuperación arquitectónica y significación de los elementos del edificio en su estado original, la puesta en valor del edificio histórico que ha sido transformado y que actualmente sufre afecciones estructurales, sobre todo de su viguería de madera y forjados.

La eliminación de los elementos desvirtuadores del patio y apertura de las galerías tabicadas, así como la recuperación del sistema de cubiertas de teja en galerías con supresión de las placas de fibrocemento actuales, con mantenimiento del sistema de cubierta de tejado a un agua y tejas curvas de cerámica en la primera crujía y otros elementos hacia el patio central.

También se ha tenido en cuenta la cubierta de azotea plana transitable en áreas interiores, recuperando aspectos formales de la fachada original, centrado en la supresión de elementos distorsionadores en huecos de locales comerciales de planta baja: falsas molduras de recercados de huecos, retejados en vuelos de sus puertas, carpinterías, etc. Por tanto, el proyecto tiene el objetivo de poner en valor la restauración integral del edificio que posee grado de protección global B, manteniendo todos su valores históricos arquitectónicos y tipológicos.

Fachada del edificio de Cano y Cueto (1948)

Para Francisco Granero, señala que cuando se redactó el documento «aún no sabíamos el color original de la fachada del edificio, solo que era oscura con molduras blancas tal como figura en la fotografía antigua. Cuando recibí el edificio, su fachada era blanca con molduras ocre tan popuplarizada, privándole de la singularidad que este edificio siempre ha gozado», añade.

«Se ha recuperado también en la fachada del edificio el color azul antiguo (anterior al blanco) extendido en época de Carlos III. Un color antiguo que Sevilla tuvo en el XVII y perdió tras los blanqueos higiénicos posepidemicos», señala.

«Tras los estudios realizados por el arqueólogo Fernando Amores, hemos conocido los colores antiguos de berengena y anteriormente azul agrisado que es el que he elegido, con las molduras blancas y la recuperación de la ornamentación geométrica esgrafiada en rojo sobre los capiteles de las pilastras del cuerpo superior», concluye.

Pedro Ybarra Bores

https://sevilla.abc.es/sevilla/sevi-san-fernando-regresa-lugar-origen-201810152257_noticia.html

 

EL MONUMENTO PÚBLICO DE SEVILLA Alterado por el tiempo y el hombre

  • Como elementos ‘vivos’, la existencia de los monumentos está vinculada a la propia evolución urbana de la ciudad. Algunos autores, o sus descendientes, han mostrado su malestar por las remodelaciones.

Sujetos al vandalismo, a las remodelaciones urbanas, a los cambios de ubicación, a la alteración del propio original, al paso del tiempo o a la más absoluta dejadez. El monumento público es una manifestación artística viva que está fuertemente vinculado a la evolución urbana de la ciudad. Contemplar alguna de estas creaciones en Sevilla tal y como la concibió su autor es harto difícil. Las fuentes ornamentales son, sin duda, las más afectadas por estas cuestiones. A lo largo de las últimas décadas, muchos autores, o sus descendientes, han protestado enérgicamente por el cambio sufrido por alguna de sus obras. Ejemplos de ello son el monumento a Elcano, la fuente-farola de la Plaza Virgen de los Reyes o el monumento a la Tolerancia de Chillida.

“Contemplar un monumento como fue concebido por su autor es difícil en Sevilla. El tiempo, el deterioro, las transformaciones espaciales y el vandalismo han actuado como autores secundarios que han modificando aspectos que, aunque considerados accesorios en algunos casos, eran partes indispensables de su unidad y completaban su percepción estética, definían el mensaje simbólico o bien establecían cierta relación con su contexto urbano más inmediato”, explica José León, historiador del arte y técnico en la Campaña de Monumentos del Ayuntamiento.

Son muchas las fuentes que se han alterado con el paso del tiempo. Algunas han cambiado de ubicación, como la Pila del Pato, originariamente en la Plaza de San Francisco y hoy en San Leandro. Otras se han visto mutiladas o transformadas. Una es la fuente-farola de José Lafita en la Plaza Virgen de los Reyes. La peatonalización del entorno conllevó la destrucción del enchinado geométrico que decoraba la plataforma. Desde entonces, los herederos han venido pidiendo su restitución. Un caso sangrante es el de la Fuente de la Plaza de la Encarnación, obra de 1720 y que es probablemente la más antigua que se conserva en la ciudad. “Es un emblema histórico del espacio, y permanece hoy desplazada, arrinconada, hundida y en un estado de conservación más propio de un elemento residual que de un bien patrimonial asociado al origen y desarrollo de esta céntrica plaza”, lamenta León. En los mismos términos se expresa Rafael Llácer, geógrafo, arquitecto técnico y profesor de la Universidad de Sevilla: “Es el último vestigio de que allí había un mercado y que esa fuente ha sobrevivido desde la época el convento. Es un elemento que te emociona. Tras la remodelación quedó como agobiada. Está sucia, desplomada, sin uso. Es una falta de respeto tremenda al patrimonio”. La reconstrucción de la Fuente de Sevilla en 1987 supuso un cambio en las alturas y no se aprecia conjunto central al completo.

Las proyectos de renovación urbanística no siempre han sido sensibles a los elementos ya existentes, con el perjuicio para los monumentos. En 1991, Antonio Cano Correa denunciaba públicamente la construcción de un pretil de contención en la lámina de agua del monumento a Juan Sebastián Elcano que “sumergía a la obra en una especie de corralito que altera su conjunto armónico y vital”. Igualmente, los herederos de Chillida han reclamado varias veces la eliminación de los dos pedestales con placas que flanquean el monumento a la Tolerancia, pues fueron añadidos muy posteriormente a la ejecución de la obra y suponen una variación por adhesión en el concepto paisajístico que definió su morfología.

La Campaña Municipal de Conservación y Restauración de Monumentos Públicos, promovida por la Gerencia de Urbanismo, ha tenido entre sus objetivos la recuperación de los valores alterados y perdidos de muchas obras y conjuntos escultóricos, destaca José León: “Ha podido verse con la reposición de los elementos ornamentales de los Jardines de la Lonja, la restitución del yunque y las llaves del flamenco al Monumento a Antonio Mairena o la restauración del mural Verbo América y otras esculturas legadas de la Exposición Universal que se encontraban irreconocibles”.

Además, el vandalismo es otra lacra de la ciudad, y sus monumentos no son ajenos. Un ejemplo es la espada del Tenorio o los pinceles de Zurbarán, víctimas recurrentes de los amigos de lo ajeno.

 

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